S. M. Leonhard Euler

S. M. Leonhard Euler

A pesar de la infinitud numérica, tenemos unos cuantos números elegantes, admirables, transcendentales, solventes e insolventes, luminosos y sobresalientes como los que voy a mostraros.

Entre ellos está la unidad, lo que le da invariancia a cualquier cosa multiplicada por él incluido él mismo, lo que cualquiera esperaría para subsistir cuando es dividido, la singularidad, la simpleza, la base natural, el principio de casi todo, nuestro 1.

Otro gran número al que le costó salir del armario, el 0; su presencia es inadvertida, su multiplicación desintegra, la división por él multiplica hasta los confines del cosmos y cuando se divide a si mismo, puede pasar cualquier cosa, un número que nació de la nada.

Este número es un irracional, sin conocimiento alguno, un hecho probado por el que le asignó su identidad, su nombre, la letra que lo designará por siglos, el que aparece en la normalidad más normal, en los intereses más compuestos o en la mayoría de las fronteras, ese es e, 2.7182818284590452… el resultado de infinitas adiciones de inversiones factoriales.

Y ahora mi favorito, π, la relación de lo incor-recto, lo que aparece en el sitio menos pensado incluso donde no hay curvas, el que cuando contamos 3 para hacer algo, todavía le queda .14159265358979323846 para empezar y nunca empezaríamos, el que el ser humano empeña su esfuerzo en conocer su fin sabiendo que no lo tiene, la transcendencia conyugal perpetua con e.

Por último, un número que no es número, su complejidad no le permite compartir espacio con la naturalidad o la realidad; su imaginación es inimaginable y sus raíces están basadas en aspectos negativos, pero a pesar de esto, sus primos naturales lo ponen siempre en un buen sitio en espera que algún día pueda salvarlos de su misterio.

Pues este es el equipo que eligió S. M. Leonhard Euler para generar su obra maestra de la formulación, obra en la que cada miembro del equipo tiene su puesto, tiene su función, tiene su trabajo, acompasados y anexados por una sublime igualdad.

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¿Habrá mayor belleza en esta igualdad? ¿Se puede ser más perfecto? ¿Pensaría algún matemático en algún momento de su vida que esto era posible?

Pues sí, ¿Quién iba a decir que la complejidad podría expresarse exponencialmente simple?

La función Phi de Euler

La función Phi de Euler
De Euler me gusta todo, su  vida entera es un monumento intelectual a nuestra civilización. Hoy voy a mostraros una de las prendas de este gran genio y es la función φ de Euler.
Lo primero que debemos saber es que son números coprimos; dos números son coprimos si su máximo común divisor es 1 es decir que no hay ningún número menor que ambos excepto el 1 por el que se puedan dividir ambos.
Pues lo primero que se dió cuenta Euler es que todo número primo tiene p-1 números corpimos con él, ¿no? Si es un número primo quiere decir que solo es divisible por si mismo o por la unidad, de modo que todos los números menores que él son corpimos con este.
Paso siguiente, cuantos coprimos tiene un número primo pk?
Pues no se le ocurre otra cosa que pensar que si un número primo tiene p-1 coprimos, tiene que haber pk-1 que no lo son, por tanto
FiEuler01
y como consecuencia, debe funcionar de igual modo para la función phi de p.
Un poco más, demostró que cumple la función multiplicativa y esto quiere decir que la φ(mn)(m)(n) por tanto un número descompuesto en factores primos, es posible conocer los números coprimos que tiene, desarrollando queda la siguiente joya matemática
PhiEuler02
y con un ejemplo práctico, el número 675 tiene 24 números coprimos menores que él.
FiEuler03
Algún día, después de miles de años, aparecerá otro genio como él para determinar
π(x) o la cantidad de números primos menores que un número, algún día.