Una vez leí un libro de Edwin Abbott, Flatland o Planilandia (1884 su primera publicación) donde trataba las dimensiones desde una perspectiva inusual para su época, en la cual encubría una crítica hacia los aspectos que él pensaba inapropiados para ese momento y que el tiempo ha dejado prueba de su acierto. Por otra parte, dejaba ver mediante su relato un entendimiento de las dimensiones que posiblemente nadie se habría percatado en aquel y en este momento, pero sobre todo me hizo pensar como sería la vida para un mundo de números naturales donde todos los números estuviesen a la misma distancia, donde no existiesen números enteros ni reales pero que algún día lo hiciesen revelándose cada conjunto como si de una civilización se tratase desbancando a la anterior, donde ellos mismos fuesen descubriendo o evolucionando en base a lo aprendido por intelectos individuales o fusionados en equipo, donde hubiesen números malvados, benévolos, avaros, bondadosos, envidiosos, generosos, inteligentes, sumamente inteligentes, parásitos del entorno, distintos y cualquier adjetivo que pretendamos incluir en la infinidad de los números, pues así es este relato.

Siempre me han gustado los números, desde que no tengo uso de razón, incluso antes de saber leer. He leído acerca de ellos todo lo que mi tiempo me ha permitido y mi lucidez me ha permitido concebir y no olvidar.

Natural es una obra decimal que considera al ser humano desde sus inicios convertido en número, que contempla sus logros en las matemáticas, que ensalza aquellas personas que por tener un intelecto superior al resto no han podido evitar descubrir ciencia de la que hoy orgullosos podemos disfrutar los que tenemos más bajo entendimiento, que intenta que el lector perciba la belleza de las matemáticas, que sostiene la certeza de la existencia de cualquier tipo o ente en todas sus variantes y combinaciones en la infinitud, que incluso en este mundo ficticio pudo haber un creador o no, como conclusión y así espero haberlo hecho, he pretendido hacer llegar las matemáticas al lector como un relato donde al final ganan los números buenos y por ejemplo dos con su excelsa belleza termina besándose con el regordete tres a la distancia de la unidad.

Por otra parte, la rigurosidad científica de este relato deja mucho que desear, diría quimérica, insostenible e inventada, puesto que si estamos en la dimensión uno, no existiría una visión de altura porque entonces viviríamos en un plano de dimensión dos o no tendría colores, ya que el infinitésimo espacio de la línea no permitiría a un fotón en su recto itinerario que pudiera atravesarlo, en definitiva no es aplicable a ningún rigor científico, así que insto al lector a no efectuar críticas sobre tales aspectos, porque personalmente le aportaría alguna más e intentaría agotar sus intolerables artificios de boicoteo.

En cuanto al aspecto religioso, quiero recordar que los humanos siempre hemos atribuido a lo largo de la historia lo desconocido a lo espiritual, algo que desconozco debe pertenecer a un ser superior o algo que no entiendo debe ser brujería; lo que si es cierto, cuanto más ampliamos el conocimiento, más desconocimiento descubrimos y más entendemos que todo ha tenido que ser creado por un Dios, solo miren el cielo en una noche despejada, de modo que al igual que no existe rigor científico en el relato, con todos mis respetos, no existe crítica ni burla hacia la religión. Seguidamente, con la más estricta seriedad que atesora mi persona, debo aclarar que no soy escritor ni pretendo serlo, porque ser escritor entraña aspectos que van mucho más allá de escribir un breve relato; solo y exclusivamente he pretendido plasmar bajo el arte de las letras y como mejor me ha permitido mis entendederas una idea de años atrás de la que una vez por todas ha pasado de ser abstracta a permanecer en un servidor de cualquier parte del mundo donde nadie la lea.

Mi dedicatoria de estas letras es

A mis padres Pepe y Ani.
Humildad, bondad, generosidad y honestidad.

Capítulo 1. La creación

Pd: Para aquel lector que desee el archivo pdf, puede descargarlo aquí.

Licencia Creative Commons

Natural por Joaquín Martínez Rus se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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