Once era un número de aspecto serio, bastante más serio que la fisonomía de la Unidad, parecía como doblemente serio y aunque su tono marrón era igual que la Unidad, era mucho más alto, así que imponía, como si cada vez que hablará fuera a decir verdades sin tener que razonarlas. Once era famoso por tener gran ingenio pero por demostrar pocas cosas, tenía miles de conjeturas que en realidad, todas tenían fundamento, pero no las demostraba dejando este trabajo a otros números más inquietos.

Dos un día les mostró al resto que había descubierto familias de tres números cuyo suma de cuadrados era igual al cuadrado del tercero siendo los dos primeros menores que el tercero.

—Estimadas cifras de la línea, tengo el honor de mostrarles una nueva familia, —dijo Dos — ¡las ternas! Se trata de la suma de los cuadrados de dos números equivalente al cuadrado de un tercero de la lista y como ejemplo… voy a exponer a nuestro querido y prestigioso amigo Tres junto a su respetado Cuatro —Cuatro blincaba en la línea —y nuestro estimado, bienquisto y considerado Cinco —Alabando y tratando de agradar a este con el fin de obtener el beneplácito por anticipado. —Hay muchos más, diría que infinitas familias de 3 elementos.

Veintitrés oyó infinito y allí que se abalanzó grandilocuente.

— ¡Todos los múltiplos de de las primeras ternas también son ternas! —Gritó dirigiendo su voz hasta los primeros números — ¡Además la diferencia de dos cuadrados consecutivos es impar! Y como hay infinitos números impares, ¡los habrá de ternas!

Si había que demostrar algo sobre infinitos, no había mejor número que Veintitrés. Dos, respondió agradeciendo con refinada y elevada elegancia y antes que este acabara la frase, Once interrumpió con su bronca voz de ultratumba.

—Es verdad que existen infinitas ternas de cuadrados, pero… no existe ninguna terna para cualquier otro número elevado a 3 o cualquier otro superior a 2. En la línea no encontraréis ninguna terna con exponente superior a 2.

n>2 xn + yn = zn

Dos quedó confundido, estupefacto, perturbado, boquiabierto, petrificado y un sinfín de calificativos de sorpresa. No esperaba que el día de la publicación de las ternas, Once apareciera con algo así, es más, después de la demostración espontánea de Veintitrés sobre la infinitud de las ternas y Once volvía a hacerlo como en otras ocasiones, soltaba la piedra y escondía la mano.

—Pero Once, ¿cómo se te ocurre decir algo así? Habría que demostrar lo que estás diciendo, pero deberías entender que es muy probable que haya algún resultado con esas características en la infinitud de la línea, ¿no crees? —espetó Dos con algo de enfado.

—Dos, tengo la demostración al respecto, pero lo dejo para que otros números de la línea alimenten sus almas algebraicas con ello. —dijo Once.

Pasaron meses, años y Once no demostró ni dijo nada, volvió a hacerlo un sinfín de veces, tantas como múltiplos tenía Mil, nadie dudaba de su destreza, pero no demostraba nada, mientras números con una sobresaliente inteligencia gastaban su tiempo en buscar una demostración. Solo unos años más tarde Tres pudo realizar un engorroso y complicado argumento donde llegó a demostrar que no existían para n igual a 3. Tres seguía ganándose a pulso su estrepitosa fama de genio. Pasaron muchos más, unos 300 años para que Dos Mil Trescientos Diez, el quinto primorial obtuviera una complejísima demostración generalizada. No existían soluciones como predijo Once.


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Natural por Joaquín Martínez Rus se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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