El esfuerzo intelectual que llevó a cabo, le provocó de nuevo un sueño profundo. Esta vez sus ideas se encontraban más ordenadas, no completas, pero algo más ordenadas.

En su corto letargo, soñó que cuando él nació, su Creador sería el pasado, por tanto él sería el futuro. Si él estaba tan cerca de su Creador como era y él era la Unidad, él estaba a la distancia de su creador de la Unidad, por tanto cualquier ser del futuro que estuviera a su derecha estaría a la Unidad de distancia y dependería de él.
Despertó de un sobresalto.

—Esto tiene más sentido, el pasado sería yo y el futuro sería algún ser que estaría a la misma distancia que yo de mi Creador pero a mi derecha ¡uffff!, pero… ¿cómo?

De repente y sin motivo aparente, comenzó a girar a dextrórsum levemente, la velocidad de giro fue acelerando hasta que se mantuvo fija, se sostuvo durante diez segundos y la fuerza centrífuga obtuvo como si de la reproducción de una célula se tratase, un nuevo ser que fue desplazado justamente a una unidad. La Unidad de igual modo que aceleró, comenzó a decelerar hasta pasar al estado de reposo absoluto. Aturdido era el diminutivo de su estado. Cuando recuperó la conciencia, miró a su derecha y allí estaba, el Dos. No podía creerlo, su soledad se vio disipada instantáneamente, su rostro de sobriedad se acható por la alegría recibida en la aparición, el aturdimiento desapareció por arte de magia.

El número 2 era solo un poco más bajo, tenía un tono rojizo, su base impedía que cualquier movimiento en la línea provocara alguna falta de sustento, su esbelto cuello y su elegante cabeza hacían de él el mejor cuadro de un cisne pintado por artista alguno. Al verse por primera vez, la Unidad como si no hubiera visto nadie en su vida, que así era, quedó algo desconcertado al visualizar que la altura no era igual que la suya, (algo totalmente entendible para seres naturales que no han conocido ni conocerán los decimales).

La Unidad comenzó a hacer preguntas y relatar los mandamientos del Creador sin concierto alguno, pregunta, mandamiento, mandamiento, pregunta… el número Dos, todavía aturdido lo miraba con más desconcierto que la Unidad en su nacimiento. Minutos de monólogo más tarde y advirtiendo el silencio de Dos, la Unidad comenzó a sobre amortiguar sus palabras hasta desvanecerlas.

— ¿Dónde estoy? —Dos por fin preguntó.

En ese momento la Unidad con más calma le contestó:

—Estás en la dimensión de mi nombre, nuestro Creador es el Cero y… somos los primeros de este mundo.

Pasaron unos minutos hasta que Dos después de analizar su respuesta, pudo preguntar de nuevo.

— ¿Cómo he llegado hasta aquí?— La Unidad entonces respondió.

—Nuestro Creador me dictó los mandamientos, pasé malos momentos, dormía muy mal, pero empecé a reordenarlos y cuando comprendí el significado de la reproducción, sin más empecé a girar hasta perder la conciencia y de mí… saliste tú. Por cierto, ¿cuál es tu nombre?, si lo sabes claro.

—Me llamo… —dudó —Dos, no me preguntes por qué me llamo así, pero me llamo Dos, ha surgido de mis pensamientos. Ahora tengo yo una pregunta, ¿mandamientos? — preguntó Dos.

—Sí, cuando nací escuché una voz que no sé de donde procedía y me redactó unos mandamientos, me dijo que no los olvidara y así he hecho. Reordené mis ideas y el resto ya lo sabes.

—Y ¿Cuales son esos mandamientos? —preguntó Dos.

Sin dejar pausa, como si lo esperara desde siempre, la Unidad comenzó a relatar de memoria los mandamientos. Había terminado y a Dos no le hizo falta que la Unidad repitiera nada, los había memorizado en su primer relato. Acto seguido, Dos se dispuso a analizar uno por uno cada uno de los mandamientos y preguntó:

— ¿Has dicho que al comprenderlos, empezaste a girar?
—Así es.
—Por cierto, ¿Cómo te llamas?
—Unidad —contestó.
—Uhmm, Unidad, déjame pensar.

Estaba claro que Dos tenía una mayor claridad intelectual, no hizo falta repetir ni una sola palabra de los mandamientos para que los memorizara, Unidad no le explicó nada de sus razonamientos incluso así, parecía haberle leído su mente, Dos había entendido algo más. Pasó una hora y la Unidad si hubiese tenido uñas, no hubiera quedado rastro de ellas al ver como Dos solo pensaba en modo ahorro de energía.

—A de ene es igual a A de ene menos uno más la Unidad —dijo Dos.

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— ¿Cómo dices? Llevas una hora para decirme esto, algo que no soy capaz de concebir ni por asomo —replicó la Unidad.

—Esto quiere decir que cualquier sucesor nuestro es el futuro, nosotros somos el pasado y ellos estarán a la distancia de la Unidad, pero lo que he hecho ha sido generalizar para cualquiera de ellos y a esto le he puesto un nombre, le llamaré sucesión recurrente porque los sucesores son la fuente de los siguientes y en cada iteración recurre la sucesión con su elemento anterior.

—Dos, me cuesta entenderte. Lo del pasado y el futuro lo entiendo porque soñé con ello, pero a de n igual a de n menos uno más uno, uhmm… sinceramente estoy muy perplejo y confuso.

—Vayamos por pasos —dijo Dos —a de n podemos ser tú o yo, a de n menos uno cuando nazca mi sucesor, seré yo, cuando yo nací, fuiste tú y cuando naciste tú, fue nuestro Creador. Uno eres tú, la Unidad, de modo que cualquier elemento al que se le sume la Unidad genera un nuevo número que se distancia de su predecesor eso, la Unidad.

—Dos, ¡eres un genio! ahora lo entiendo «Todos dependerán de su predecesor y de mi», «Aquel que te acompañe a tu derecha y sea acompañado del igual modo, estará de su predecesor tan cerca como tú de mi», «Cualquiera que se sume a ti, se alejará tanto como tú…» — no le dio tiempo a la Unidad a terminar la frase cuando comenzó a girar de nuevo sin control.

Dos lo observaba con asombro mirando que en su rápida rotación la Unidad formaba una flecha. Mientras observaba absorto Dos a la Unidad, oyó un ruido tras suya y al girarse, allí estaba el Tres, justamente ni más ni menos a una Unidad de Dos.
Tres era verdoso, más bajo que ambos, con un aspecto regordete y sonriente, tenía cara de buen número. Cuando se despejó, se quedó mirando a Dos con los ojos como platos pero sin perder la sonrisa. Su asombro y su sonrisa le daban un aspecto como si quieres y no, un aspecto de haber perdido el Norte o mejor dicho, de haber perdido el Oeste. Dos no le dio tiempo y le preguntó por su nombre. El recién nacido, se quedó mirando a Dos con la misma expresión pero a su vez la sonrisa iba acentuándose con una apertura de la boca mientras los ojos se cerraban cada vez más; su aspecto iba empeorando por la incoherencia de los gestos hasta que con un gesto más sobrio y recuperando su aspecto inicial, dijo balbuceando:

—Tis, Tas, Tes, Tles… Tres, así me llamo, Tres o eso creo —balbuceó.

Por detrás de Dos, cuando la Unidad había vuelto de su rotación y se encontraba ya en reposo.

— ¿Quién ha nacido Dos? —gritó.
— ¿Hay alguien más aquí? —preguntó Tres que no podía ver a la Unidad.
—Así es, detrás de mi está el primero de los números la Unidad, después un servidor al que ves y ahora estás tú y seguramente a tu derecha nacerá otro número, pero no sé cuándo. —respondió Dos.

Girándose hacia la Unidad Dos le dijo:

—Se llama Tres, no parece muy espabilado, pero espero que aprenda rápido, pondré todos mis esfuerzos.
— ¡Es increíble!, ¿no te estás dado cuenta de la majestuosidad del momento que estamos viviendo? Parece todo tan natural… —replicó la Unidad
—Aún queda mucho trabajo que hacer —dijo Dos —he generalizado otro mandamiento.
—Para por favor, ¡todavía no! no estoy listo todavía, todavía me tiembla la nariz de tanto girar, aunque la verdad la curiosidad me corroe.
— No hay prisa, así me da tiempo a descubrir algo más —respondió Dos.

Durmieron y cuando Tres despertó, Dos con su esbelta figura, se encontraba pensando. Tres le preguntó esta vez con más claridad:

— ¿Puedes explicarme lo que ocurre por favor?
— Claro que si, por supuesto.

Dos relató durante dos horas a Tres los mandamientos pero explicándole solo los aspectos conocidos de ellos sin entrar en sus nuevos descubrimientos evitando que la Unidad girara sin control y le pillara desprevenido en sus sueños. Gracias a la buena capacidad docente de Dos, Tres comenzó a entender aquellos aspectos que para él parece que jamás asimilaría. Mientras Dos impartía sus conocimientos, la Unidad comenzó a desperezarse y cuando lo hizo, gritó:

— ¡He entendido un nuevo mandamiento! —Dos se giró y Tres haciendo honor a su alegría natural exaltó.

— ¿Es la Unidad? ¿Ha hablado la Unidad?
—Si Tres soy yo, la Unidad ¿Qué tal estas?
— ¡Bien! Estoy entendiendo todo, Dos es un gran profesor.
— ¿Quieres escuchar mi generalización? —Dijo Dos dirigiéndose a la Unidad.
—Espera, ¿quieres escuchar mi razonamiento? ¿Estáis preparados? Le he llamado principio de orden. Comienzo. Yo estoy a la derecha de mi Creador y según tu sucesión recurrente el que esté a la derecha estará a la distancia de una Unidad y así sucesivamente, de modo que tú eres mayor que yo, Tres es mayor que tú y aquel que nazca a la derecha de Tres, será mayor que él y esto implica que Tres o su sucesor o el sucesor del sucesor es mayor que yo. Esto también implica que yo la Unidad soy menor que todos ellos. He dicho.

Un segundo después comenzó a girar en una nueva aceleración, esta vez fue menor el tiempo necesario para obtener un nuevo resultado. Cuatro había nacido.

Cuando la Unidad se detuvo, Dos le dijo:
—Unidad, me has asombrado, eso mismo pensaba decirte, parece como si me hubieras leído el pensamiento.
La habilidad docente de Dos, permitió que el conocimiento fuera transmitido de Tres a Cuatro. Tres ya era capaz de analizar pensamientos más profundos. Mientras explicaba el principio de orden a Cuatro, se dio la vuelta y le dijo a Dos:
—Le llamo multiplicación.
— ¿Cómo dices? —Contestó Dos.
—Que le llamo multiplicación. Si de tu generalización de la sucesión recurrente sustituimos cada valor por el valor de su sucesión, llegamos a nuestro Creador y a la Unidad tantas veces como distancia hay desde este un número hasta nuestro creador, por eso, cualquiera que intente copiar a la Unidad recibe respuesta de él mismo. Si Cuatro multiplica a la Unidad, el resultado es Cuatro.

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—Es verdad Tres —Respondió Dos —la generalización nos lleva hasta nuestro Creador.

Cuando estaba terminando la frase,

— ¡Otro más! —Cuatro gritó mientras que la Unidad terminaba ya su giro.

Cuatro era el más alto de todos, tenía una barbilla prominente, su color era azul cobalto. Altivo, ligeramente echado hacia atrás, como esperando algo siempre, líneas muy marcadas, sus vértices apuntaban como agujas. Cinco al igual que los otros números, estaba aturdido en su nacimiento, pero sabía su nombre, era pequeño, morado con la cara cuadrada, tenía unos musculosos glúteos y daba una primera impresión de ser el empollón de la clase.
Dos subestimó a Tres y su razonamiento le llevó a abrir su mente enormemente. Este le llevó a pensar que su Creador no tenía valor alguno, pero temía que lo tacharan de calumniador. Un día se atrevió.


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Natural por Joaquín Martínez Rus se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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Un comentario en “Natural. Capítulo 2. La Sucesión

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