Quien no ha dicho alguna vez, que bonita puesta de Sol, que bonito está el firmamento, que aurora boreal más espectacular… bien, pues en cada una de estas bellezas naturales, podría existir una trampa mortal.

La radiación emitida por el Sol en una de las muchas explosiones que se producen en su corona, provocan mediante el choque de estas con el campo magnético de la Tierra un asombroso espectáculo lumínico en los polos como son las auroras boreales y australes. La peligrosidad que entraña es abismal, ya que si nuestra querida atmósfera y su campo magnético no existiesen, la radiación absorbida por la Tierra sería de tal magnitud que la vida sería tan probable como ganar un boleto del Euromillón, por lo que su belleza es al mismo tiempo un arma destructiva.

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El cosmos de belleza sin igual, mostrándonos su caótico y al mismo tiempo orden astral, donde todo tiene su masa, su espacio, su órbita, su forma o su color visto y apreciado por nosotros, donde toda esta belleza queda contrarrestada por la nada, por lo que nosotros llamamos el vacío, donde el espacio y el tiempo es curvado, donde suponemos que estos deben existir, pero en realidad, nuestra existencia en él se ve minada sino es por los medios de los que disponemos cuando nuestros astronautas levitan en él. Un astronauta podría estar expuesto a radiación que nuestra atmósfera frena y que a ellos no, podrían estar expuestos a objetos que surcan el espacio y que gracias a la probabilidad no son atropellados por estos.

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La Estación Espacial Internacional gira alrededor de la Tierra a unos 28.000 Km/h, por tanto cuando una nave se acerca e intenta un acoplamiento, debe acercarse y sincronizarse con la ISS a esa misma velocidad, de modo que en un perfecto baile de colosos donde no cabe un error, se emparejan finalizando la ceremonia en perfecta armonía; mientras que los demás disfrutamos si apreciar la dificultad que entraña, los que maniobran respiran con la satisfacción del deber cumplido.

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Los astronautas conociendo las dificultades y peligros existentes en su entorno, no dejan de reconocer la belleza por la que surcan, de la belleza que crean sin querer, de la belleza que observan desde su altura.

Siguiendo en el espacio, ¿quién no ha visualizado alguno de los planetas en nuestras noches? Actualmente Venus es visible al atardecer con un brillo espectacular como es de esperar. Su brillo desmedido que lo hace visible al amanecer, Lucero del Alba o al atardecer, Lucero Vespertino, incluso con luz, no es otro que la composición de su atmósfera en su mayoría de dióxido de carbono, su temperatura máxima se encuentra en torno a los 500ºC o la mínima sobre los -45ºC en la que no duraríamos ni un segundo en sobrevivir, su gran belleza esconde un lugar prohibido para un ser terrestre.

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Júpiter, el gigante gaseoso del que gracias a la nave expedicionaria Juno conocemos algo más, visible bastante a menudo en nuestro cielo, un planeta con una masa unos 318 veces de la Tierra, 11 veces mayor, donde la gravedad es de casi 2,5 G, donde los gases de su atmósfera, en su mayoría hidrógeno, no nos permiten la vida, donde la temperatura y los vientos, serían una trampa mortal o Saturno emparejado con Marte durante este Verano, donde ocurriría algo parecido. Si tenéis la oportunidad de visualizarlos con un telescopio, su belleza no tiene parangón, pero como os he contado, para lo único que nos pueden servir de momento, es para eso, para observarlos y por supuesto para que mantengan este caótico orden en nuestro sistema.

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Volviendo a nuestro planeta, cuando nos acercamos al mar y disfrutamos de sus mareas, de una puesta de sol, de su brisa, de su temperatura, de … ; el agua del mar con una densidad aproximada de unos 1,027 Kg/L, un metro cúbico pesaría en la Tierra unos 1027 Kg y si el mar tiene unos 1.338.000.000 millones de m3, hablaríamos de una masa de 1.374.126.000.000.000 de toneladas en constante movimiento, por lo que la energía almacenada por este, podría desintegrar cualquier ciudad del mundo en minutos.

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Podríamos seguir enumerando la montaña como belleza sin igual, pero con un alto índice de presas en su lista, la formación cuasi perfecta de espirales de nubes exponiendo una ecuación matemática en la atmósfera sobre  fenómenos atmosféricos y al mismo tiempo los desastres consecuentes, la belleza albina de una nevada y su posible desmoronamiento causado por su débil estructura y al mismo tiempo atraída por la gravedad o la belleza de los meandros de un rio que se convierten en una gran trampa ante una crecida.

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En definitiva, ¿somos conscientes de ello? Lo seamos o no, el ser humano tiene la capacidad de disfrutar de la belleza a sabiendas del peligro que pueda entrañar, el regocijo y el deleite que  buscamos en cualquier entorno es superior a su realidad, por eso, yo que soy humano, disfruto de la belleza que nos envuelve, disfruto mientras que la probabilidad de tener un planeta con un boleto premiado de Euromillón, me permita hacerlo, complacerme con la belleza natural.

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2 comentarios en “El peligro de la belleza

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