Pensemos en los millones, en todos los seres humanos con una mente brillante que han vivido y surcado este planeta, en los que nacieron y murieron sin aportar nada a las civilizaciones; imaginemos un esclavo en Egipto o Roma, un agricultor de Mesopotamia, una madre de Fenicia, un herrero de Mongolia, una lavandera Maya, un escritor en Lepanto, un niño rico en 1916, un matemático hindú con una enfermedad posiblemente curable años después, una niña en la Alemania del 41, un estudiante brillante cualquiera y morir de un cáncer cualquiera, un soldado de una guerra cualquiera de un país cualquiera de una era cualquiera. Somos así, el ser humano es así gracias y tristemente a que han muerto tantas y tantas mentes prodigiosas a lo largo de nuestra era. Somos los residuos de la evolución del ser humano a lo largo de la historia y… estamos aquí.

Además de nacer en el lugar y tiempo menos idóneo, deberíamos de haber prosperado casi con la misma progresión que lo habíamos hecho hasta entonces; añadimos las eras oscuras de nuestras civilizaciones  en las que el poder ha encubierto la inteligencia por encima de todo, en las que no han sobrevivido estas mentes, en las que no se ha publicado nada que nos hiciera prosperar nada más allá de lo que supiéramos ayer; esto último contra natura, pero no deja de ser un factor más de la evolución.
No puedo de dejar de pensar en esas millones de mentes que se ha perdido esta especie de vida.

Podría estar escribiendo nombres hasta el infinito de mentes prodigiosas que en los lugares y tiempos menos idóneos superaron el azar pero… mi favorito entre la gran lotería de la evolución de nuestra especie fue Leonhard Euler. Nació en Basilea y murió ciego con 76 años allá por 1783 donde la esperanza de vida no creo que llegara a los 50 años para un varón. Matriculado en la Universidad de la ciudad de su nacimiento con 13 años, iniciado en filosofía pasando por teología, griego y hebreo por recomendación de su padre y como discípulo de Bernoulli, fue descubierto como una mente prodigiosa en las matemáticas.

¿Que habría hecho este planeta sin alguien como Leonhard Euler? ¿Habría esperado esta especie otros 50 años para que  le que tocara la lotería? pues seguramente si, pero en este caso, hemos tenido suerte. Euler nació, creció, estudió y nos dejó en herencia su legado como otras ilustres mentes en la Tierra.

Entre todos sus trabajos, definió el numero e (en su honor), la función indicatriz donde se determina la cantidad de números coprimos de un número, el teorema de Euler en el que un número a con exponente la función indicatriz de un número b tiene como residuo la unidad con el módulo de ese número b, o en teoría de grafos con la que solucionó un problema irresoluble en el que pretendían cruzar los puentes de la ciudad de Königsberg en un solo trazo y volver al punto inicial (algo como el dibujo de la casita con un aspa) o en ingeniería, o en física o astronomía, etc. etc. etc., UN VERDADERO GENIO.
Pero hay dos estudios de Euler que me fascinan. Uno el producto de Euler en el que Bernhard Riemann continuó desarrollando con su función zeta y otra usada mediante la representación exponencial de un número complejo en el que con una simpleza de los más compleja aparecen el número e, pi, i, la unidad y el cero.

La evolución del ser humano ¿Cómo ha perdido entre guerras, enfermedades, desastres naturales, muertes o desconocimiento personas así?
Pues porque entre esas guerras, enfermedades, desastres naturales, muertes o ignorancia también lo han hecho personas que no eran genios, la naturaleza es así. Eso también es uno de los inconvenientes actuales, los tontos también sobreviven.
Entonces, ¿es necesaria la muerte, la maldad, las guerras o que civilizaciones no permitan la investigación para que otras lo hagan exponencialmente? Pienso que tristemente, así es, pero no es lo que deseo. Si esto fuera una empresa en la que pudiéramos decidir una mejora u optimizar el rendimiento en la producción, si pudiéramos decidir quien estudia o vive o quien no, estaríamos alterando el orden natural, sería como eliminar aleatoriamente una estrella de una galaxia la cual no debería hacerlo hasta dentro de millones de años y consecuentemente (o no) posiblemente alteraría el “orden caótico” de esa galaxia, somos lo que somos, porque lo que hemos sido y hemos hecho.
Gracias o desgracia a toda esa maldad evolutiva, surgieron mentes como Leonhard Euler y perdimos otras con mentes más prodigiosas que la suya.

En la actualidad tristemente, tenemos las gran suerte de que la gente, de que el ser humano tarda más en morir, de que la probabilidad de morir cada vez es menor (la probabilidad de morir es mayor de que te toque la lotería), por lo que además  de que la probabilidad de encontrarte un tonto es mayor, la probabilidad de que una mente como la Leonhard,  Benito, Alan, Albert, Isaac, Daniel, Miguel, Carl, Leonardo, Gustavo,  Bernhard, Francisco, Pierre, Severo, Euclides, Federico, Galileo, Miguel Angel, Salvador…. (hasta la cantidad de números primos existentes) pueda nacer, pueda estudiar y pueda deleitarnos con evolucionar esta especie una millonésima más de lo que sabíamos hace 1000 años.

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2 comentarios en “Leonard Euler

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